¿Estás consciente de tu cuerpo?
- pekepreloved
- 1 may 2022
- 5 min de lectura
Por: Verónica Espinoza
IG: @veritogirl
Ayer fui a una cita con una ginecóloga nueva, primera vez que me atiendo con una doctora y al salir de su consultorio tuve una especie de epifanía. Aquí comento sobre ello.
Soy mujer adulta y madre, tengo 36 años y apenas hasta ahora, no les miento, siento que estoy empezando a entenderme con mi cuerpo. Desde que entré en la pubertad me fue difícil aceptar que mi cuerpo estaba cambiando para siempre, me fue difícil acostumbrarme a lo nuevo, a lo que veía como molestias e incomodidades que venían con el desarrollo. Entiendo que para algunas les habrá resultado fascinante tener pechos y caderas, pero a mí me costó mucho decirle adiós a mi infancia y eso implicaba dejar el cuerpo de niña atrás.Me tomó demasiados años acostumbrarme o “resignarme” a todos los cambios por los que estaba pasando y que estos serían para siempre.
La menstruación es solo un punto de la lista, otras cosas como el crecimiento del vello por todas partes, que se te engrase el cabello y toda la cara, el sudor con su fuerte olor particular y el bendito acné: trauma de todo adolescente y hasta motivo del “bullying”. Suena como una pesadilla, muy lejos de ser “como la transformación de una hermosa mariposa” según la descripción en algunos libros.

Hasta que tuve 32 y estuve embarazada aprendí la importancia de tratar las infecciones de las vías urinarias y que una infección de esas puede provocar contracciones y parto prematuro. Hasta los 32 aprendí qué son las contracciones en realidad, todos te hablan de dolor, pero nadie te dice que es como un cólico a la enésima potencia y que no debe confundirse con ningún otro tipo de dolor. Eso lo aprendí de la forma más difícil, con un parto por cesárea a las 29 semanas de gestación.
Hasta este año 2022, aprendí que los probióticos son importantes para mantener la flora vaginal sana y que aparte existen un montón de suplementos femeninos que hay que ingerir a medida que se va avanzando en la edad, para ayudar a mantener esa zona sana y balanceada.
Hasta ayer, en mi cita con una ginecóloga nueva, aprendí sobre qué alimentos debo evitar para disminuir el riesgo de desarrollar más quistes en los ovarios, más de los que ya tengo. Hasta ayer me informé que de hecho existen geles vaginales para ser aplicados después de cada ciclo menstrual los cuales ayudan a limpiar y balancear más rápido el Ph de la zona y a su vez previenen la tan incómoda, persistente y fastidiosa infección por candidiasis. He batallado con esa infección desde mi adolescencia, la cual viene y va y el clima de Panamá no ayuda para nada, y ninguno de los tres ginecólogos que he tenido, me ha podido explicar y ayudar a entender sobre cómo prevenirla…hasta ayer.
La menstruación aún la llaman “el tema tabú”, pero ¿acaso hace un par de décadas atrás la sexualidad y todo lo relacionado no era también un tema tabú? Y miren lo abiertamente que se habla sobre ese tema hoy en día (lo cual me parece bien, hasta cierto punto), que hasta en aplicaciones como TikTok e Instagram, que las tienen desde niños hasta adultos mayores, puedes encontrar videos sobre las posiciones sexuales más “ventajosas” a la hora de tener un orgasmo, sobre toda clase de instrumentos y potenciadores sexuales, toda clase de consejos y orientacion en el tema de las relaciones sexuales, etc. Me dan retorcijones en el estómago al darme cuenta que, en realidad aún, no se le está prestando la debida atención a un tema tan importante como la salud sexual femenina. ¿Dónde está la información de fuentes confiables sobre el cuerpo femenino, su funcionamiento y cuidado? ¿Dónde está esa orientación de profesionales en la materia? Existen unas cuantas páginas según he podido investigar, pero definitivamente esa información no le llega ni a la mitad de la población, es decir, son desconocidas.
Todos sabemos que las mujeres menstruamos, pero ¡es increíble la desinformación que existe sobre este proceso que es tan natural para nosotras como respirar! Aún más increíble que lo anterior, es el desinterés que existe sobre educar, orientar, compartir esta información. Y hablo de “desinterés que existe” refiriéndome a mi entorno en particular, ya que desconozco si es que, en alguna parte del país, alguien está haciendo algo respecto a esto.
Yo no tuve una orientación sobre el tema, ni de mis padres, ni de la escuela. Solo ideas y aproximaciones que no estaban ni cerca de la realidad. Y aparte de los cambios físicos, de los cambios hormonales ni siquiera había escuchado.
Tal vez antes, en las familias tradicionales existía un vínculo más íntimo entre las madres y las hijas y esas madres eran las principales, si no las únicas, orientadoras sobre el tema de la transformación del cuerpo de la mujer. Los tiempos, la cultura, el ritmo de la vida, han cambiado, es fácil ver que, en las familias actuales, cada vez hay menos tiempo de sentarnos a hablar con nuestras hijas (e hijos). Ellas son cada vez más independientes y nosotras cada vez más ocupadas. Tal vez estamos relegando cada vez más su formación e información a los factores externos a nuestro hogar, ya sea, la escuela, los profesionales en la materia, la calle, los medios de comunicación.
En mi familia, simplemente no existía la costumbre de hablar de intimidades como el desarrollo del cuerpo, las relaciones sexuales, las enfermedades venéreas, etc., ni siquiera con el propósito de orientar, y con mucha tristeza puedo decir que entre mi madre y yo no existía ese vínculo que debe haber entre una madre y su hija.
Es algo triste y frustrante darse cuenta cuántos malos ratos pasa una mujer durante ese periodo en el que se acostumbra a todos esos cambios, periodo que dura años, y que todo eso se puede evitar con una orientación, una guía sensibilizada que comience desde casa. Estoy totalmente en pro de la idea que el tema del desarrollo del cuerpo, sexualidad y salud sexual se incluyan como parte de una materia en las escuelas, obviamente, con lenguaje apropiado y adecuado para cada edad. Bien es cierto que ni el estado ni nadie puede exigir o entrometerse en lo que en cada familia se enseñe, pero lo que sí se debe hacer es tener la opción de dar esa información en las escuelas, que después de todo, son centros en donde se va a aprender y porqué no aprender sobre tu propio cuerpo también.
En este punto debo admitir y asumir que parte de la culpa del desconocimiento sobre mi propio cuerpo es mía. Si bien es cierto que en mi crianza nunca tuve la orientación necesaria ni el ejemplo de donde copiarme, pero al final, ya soy adulta y soy yo la responsable de mi cuerpo, nadie más.
Dejemos de ser negligentes con nosotras mismas, dejemos de posponer las cosas, dejemos de poner de último algo tan importante como nuestro cuerpo. Si no sabemos como, preguntemos, investiguemos, después de todo, somos las responsables de nuestro propio bienestar.



Comentarios